Frases favoritas de El hotel de los corazones perdidos (El clan de los corazones fríos 1) de Marcia D.M. | Descansar Literario

 📅 Reseña publicada el:10 de abril del 2025

El hotel de los corazones perdidos fue uno de mis libros favoritos del mes de abril y sin duda quiero dejarle un espacio de las frases que mas me han gustado de este libro.

Recordando que son frases de TODO el libro, así que puede haber algunos spoilers de la trama, asi que si lees esta entrada es bajo tu propio riesgo de SPOILER.

✨ Algunas frases que me marcaron…

«Blas Henderson Morris, mi designado heredero, estará obligado a residir de manera continua en el Hotel Lani Vista, ubicado en la Isla de Maui, por un periodo mínimo de 365 días a partir de la fecha de mi fallecimiento. Durante este periodo de residencia, se espera que el heredero asuma todas las responsabilidades y costos asociados con la gestión y mantenimiento del hotel».


Sin embargo, ¿Quién podría haber imaginado que, incluso desde el más allá, los que ya no están pueden ejercer tal influencia sobre los vivos?


Los amigos falsos pueden ser como las malas hierbas. Mi niña, quizás al principio no los notes, pero cuando toman control del jardín y ahogan las plantas, debemos arrancarlos de raíz cuanto antes.


—Es…—sexy, seductor, alto, intimidante y me mira de una manera que no entiendo si es que quiere comerme o matarme— un poco estricto, pero por ahora soportable.


Kai me mira y me guiña un ojo con una sonrisa brillante, y yo se la devuelvo con orgullo hasta que miro a Blas a mi lado, serio e inafectado.


Lo que sea, probablemente estén pasando un excelente día juntos. Porque indudablemente tienen un romance y no los culpo, los dos son demasiado atractivos, es natural que ocurra. Excepto que, por alguna razón, me irrita.


Cuando me alejo escucho detrás de mí:—Debe ser fácil ser gerente cuando eres la amante de un Henderson Morris.


Cuando se da la vuelta, mis ojos la inspeccionan, su puño en la cadera y el vaivén de sus pies me entretiene. Bueno, su culo también si soy honesto.


Por supuesto que es ella. ¿Con mi suerte? ¡Claro! ¡La única mujer en esta isla que conoce a Ethan Shadow tiene que ser mi gerente!


—No, solo necesito un móvil. Sería una estupidez darle mi número. Astrid me tiene guardado, probablemente como «el nieto antipático de Chester», por eso estoy comprando un móvil nuevo únicamente para seguir esta comunicación extraña que tenemos.


Podría dejar de ser un extraño, si me lo permites. Veo que eres una persona precavida, por eso te invito a continuar nuestra comunicación de manera segura y a través de algo un poco más moderno que la tinta y el papel. No sé si has escuchado alguna vez hablar del teléfono móvil, es muy eficiente desde un punto de vista comunicativo y mantiene el anonimato. Si decides esconderte detrás de una pantalla, este es mi número: + 1 (808)- 989- 7543.


—No puedes evitar los errores, y cuanto antes los asimiles mejor, esto es solo un consejo, ya que tu nuevo puesto estará lleno de ellos.


Ignoro su reacción metiendo las manos en los bolsillos y miro a mi alrededor, ya que mirarla a los ojos se está volviendo difícil.


—No te preocupes por mí. Solo quiero ver de qué se trata. Y cerciorarme de que todo salga bien, para que no te vayas, digo, para que no renuncies.


—Me ven muy joven y hambrienta de poder.—¿ Y desde cuándo eso está mal?—¿ En un hombre? Nunca… En una mujer, por otro lado…


—¿ No lo has notado? A las mujeres que se enfocan en su trabajo y que tienen hambre de poder se las considera una especie aparte. Una mujer en busca de poder puede ser percibida como agresiva o ambiciosa de manera negativa, mientras que estas mismas cualidades en un hombre a menudo se ven como algo positivo. ¿Nunca has escuchado a los medios cuestionar cuánto tiempo les dedican a sus hijos las CEOs más conocidas?

—Ahora que lo mencionas, sí—responde pensativamente—. ¿Crees que, si hubiese puesto un hombre de tu misma edad en el cargo, nadie lo cuestionaría?

—No se harían las mismas preguntas que se hacen ahora.

—¿ Y cuáles son…?


Dejo pasar el tema porque creo que le avergüenza demasiado, no la culpo, acaba de decirme a la cara que los empleados piensan que follamos y que por eso la mantengo cerca. Dios, si me das esos nombres, prometo no ser tan cruel con la gente, simplemente psicótico.


El amor es desilusión; la lealtad, un ideal reservado únicamente para aquellos caballeros de armaduras resplandecientes.


Él no dice nada. Sus ojos me miran con algo que podría ser culpa… o deseo. O ambas cosas.

—¡ Qué!

—Nadie nos vio, nadie se enteró y, si alguien lo hizo, me ocuparé de que desaparezca

.—Es un chiste, ¿verdad?


—¿ Quieres cambiar?

—Solo si me ayudas tú.

—Gracias por este día, Coral—dice retrocediendo, supongo que a su coche—. A pesar de mi esperanza de que fuera desastroso, ha sido inolvidable, y no hablo solo del beso

.—¡ Blas! Dijiste que no íbamos a volver a mencionar el tema.


Todavía puedo sentir sus labios sobre los míos, joder.


—¡ No lo sé! Estás más serio que de costumbre, y ayer me besaste y yo…

—Nos besamos, Coral—corrige.

—¡ No digas eso!—refunfuño mirándolo a los ojos.


Me gusta ver el mundo a través de tus ojos, Desconocida. Me gusta mucho.


Las cosas que hago por ella. Las cosas que quiero hacerle a ella. Y las cosas que me sorprende que quiero hacer con ella.


Es luz donde yo soy sombra, paciencia donde yo soy furia. Su incondicionalidad desarma mi escepticismo, y su alma fresca y risueña me atrae como si buscara curar las grietas de la mía, endurecida y sombría.


Pero la que más me sofoca es la que la involucra a ella y a mi deseo de hacerla mía.


Mientras intento descifrarla como si fuera el puzle más difícil que he hecho, Astrid se pone de puntillas y de golpe tengo su boca sobre la mía. Inmediatamente reacciono envolviéndola contra mi cuerpo y ella rodea mi cuello para demandar un beso voraz.


Astrid, la chica que sigues nombrando en todas tus cartas, está haciendo de mí un tipo sin cerebro, que lo único que hago es pensar en ella, desearla y lamentarme por las circunstancias en las que me encuentro.


Todo el calor del sol se deposita en mis mejillas. Puede que tenga un poco de razón. Esta es la verdad, ¿vale? Me gusta Blas. ¡Boom! Lo dije. Lo sé, no es ninguna sorpresa. Pero aquí viene la verdadera bomba: también me gusta el Desconocido.


—¿ Te has dado cuenta?

—¿ Qué?

—¿ Que mi mano ya no está sobre ti? Claro que me di cuenta, lo aborrezco.

—¡ Que estás involucrándote en el hotel! ¡Aleluya, hermanos!—grita levantando sus manos en el aire. Yo se las bajo mirando hacia ambos lados del muelle, por suerte ya no hay tanta gente.

—Silencio, Coral—susurro dando un paso más cerca de ella, invadiendo su espacio personal—. Trata de no ser adorable en público.

—¿ Por qué no?—Su sonrisa se borra.

—Porque tendré que besarte si no.


—Eres un presumido.

—Sí, pero ganador, no te olvides.


Finalmente, estuve con ella, y con «estuve» ya sabes a lo que me refiero, joder. El efecto post- Astrid es como un balazo en la cabeza, no estuve ni cerca de esquivar lo que me provoca esta mujer, pero creo que estoy listo para decirle que lo que siento no es pasajero ni superficial.


Pregúntale a esa persona si le gustas, parece que es demasiado cobarde para decirlo a la cara. O, ¿sabes qué? No le digas nada, mejor. ¿Por qué? Capaz te enamoras de él y te pierdo.


—El duelo es un proceso tan complejo, Blas, algunos lo viven como un peso sobre sus hombros durante toda su vida, otros lo viven como una marea que se retrae y vuelve a las costas de vez en cuando, pero, curiosamente, algunos toman el duelo y lo convierten en algo maravilloso.


—Por eso, aquí va mi pequeño consejo: a la mierda lo que dice el resto, si tú estás enamorado de ella, díselo. Vivid la vida, vosotros que sois jóvenes, perder el tiempo en otras personas es el error más grande que puedes cometer.

—Lo intentaré, sabes que Astrid es cabezota. Se ríe.

—Demuéstrale lo que sientes, ninguna mujer se puede resistir a eso.


Blas, por otro lado, lleva una simple camisa… hawaiana. Uno mis cejas en confusión y froto mis ojos, una, dos, tres veces ante la imagen inesperada que tengo delante. Si, sigue siendo hawaiana.


—Está bien—devuelvo guardando mis manos en los bolsillos, la observo caminar hacia la puerta—. Coral...

—¿ Qué?—pregunta sosteniendo la puerta.

—Va en serio lo de las clases de surf. Ahí está ella, cuando una sonrisa radiante ilumina su rostro. Joder, esta mujer.

—Lo sé, pero por eso estoy aquí, para recordarte que eres una mujer increíble, audaz, humilde y hermosa. Levanto la cabeza, solo para mirarle a los ojos infinitos.—Te faltó cabezota, sensible…—Brillante, honesta, altruista…—interrumpe.—Desequilibrada, inquieta…—Mía—susurra


No soy tu jefe, Astrid. Soy un hombre. Un hombre que siente cosas que no puedo controlar, cosas que ni siquiera sabía que existían—continúa, tragando saliva como si luchara por mantener el control que claramente ha perdido—. Y no quiero…—Su voz se ahoga por un segundo, pero no aparta la mirada—. No quiero dejar de sentir esto.


—¿Y tú?—pregunto con un poco de vergüenza.

—¿Yo qué?

—¿Dormirás conmigo? Eso lo detiene y me mira a los ojos, quizás buscando un chiste.

—¿Quieres que duerma contigo?

—Más que nada.


Es más… No creo que pueda soltarla nunca más.


—¿En serio?

—Sí, ¿qué tiene de raro?

—Nada—responde con su media sonrisa de siempre, sube sus shorts y coloca su camiseta de cualquier manera—, me alegra verte cómodo en la playa, eso es todo. Esa es la palabra, cómodo.

—Tú me haces sentir así, Coral, no la playa.


—Tú eres más importante que la opinión de alguien que no importa en mi vida.


Nadie me miro así en mi vida.


—Haré que valga la pena, Coral, lo prometo. Mis manos se apoyan en su pecho, sintiendo los latidos fuertes y constantes bajo mi palma.

—Tú vales la pena, Blas Henderson Morris.


No te preocupes, yo esperaré por ti.


Y no puedo soltarte, Astrid, no estaba dispuesto a perderte.


Estoy enamorado por primera vez en mi vida. No sabía qué hacer para no arruinar lo que teníamos.


—Nunca podría olvidarme de ti, Astrid—suelto mientras la veo irse, sé que las escucha, porque sus pies comienzan a correr cuando llegan a sus oídos, hasta que alcanza la puerta de salida y desaparece tras ella.


No era soledad lo que quería, simplemente no había encontrado la compañía adecuada.


Y no solo de la isla, estoy seguro de que aquí encontrarás el amor que siempre deseé para ti.


Solo espero que cuando te enamores no la lastimes con tu intensidad, esa muchacha ha pasado por mucho y no sabes la presión que siente constantemente por parte de su familia.


Verde. El verde es el mismo de sus ojos. Yo creí que mi color preferido era el azul, pero ahora que lo miro bien, es definitivamente el verde Astrid.


—¿ Sabes por qué te llamo Coral?—me pregunta de repente. Me vuelvo hacia él, intrigada. Sus ojos reflejan una ternura que me hace sentir especial. Sonrío, curiosa.

—Porque lo tenía en el pelo aquella vez. Lo veo respirar hondo, como buscando las palabras adecuadas. Hay una seriedad en su mirada que me hace espere pacientemente su explicación.

—No, el coral es fundamental para los peces—comienza, sus ojos fijos en los míos—. Es su hogar, el lugar donde encuentran vitalidad y protección. Sin el coral, muchos de ellos no podrían sobrevivir. Escucho cada palabra atentamente, sintiendo cómo su explicación se adentra en mi pecho.

—Para mí, tú eres mi coral—continúa, su voz llena de sinceridad—. Desde que llegaste a mi vida, eres mi refugio, mi fuente de vida. Sin ti, me siento perdido, incapaz de navegar en este mundo.


—No pude vender el hotel—confiesa, su voz baja pero cargada de una emoción que me atraviesa—. Porque no puedo escapar de lo que esta isla significa, de lo que tú despiertas en mí. Astrid, lo que siento por ti es más que amor; es devoción, es un fuego que arde incluso cuando intento apagarlo.


—Te admiro por todo lo que eres, por la fuerza que llevas, y te deseo como nunca imaginé que se pudiera desear a alguien. Si me concedes una oportunidad, prometo mostrarte cada parte de mí. No solo mis blancos, sino también mis negros y las profundidades que ni yo entendía hasta que llegaste.—Se inclina ligeramente hacia mí, su mirada vulnerable pero decidida.—Solo pido eso, Astrid. Una oportunidad para ser el hombre que mereces.


Que no te hayas sentido lo suficientemente cómodo como para mostrarme quién eras de verdad me destrozó. Pero lo que siento por ti, Blas... lo que siento por ti es algo que no he sentido, ni voy a sentir por nadie más.


—Astrid, mi vida cambió contigo. Cada día a tu lado me ha hecho mejor, más fuerte… más humano. Si aceptas compartir tu vida conmigo, si aceptas ser mía para siempre, entonces y solo entonces me sentiré completo.—Tomo aire, mi pecho ardiendo con cada palabra—. ¿Quieres casarte conmigo?

🖋️ Reflexiones personales

Volver a leer las frases, es como revivir el libro otra vez ¿No les ha pasado? Sin duda el seleccionar las frases para esta entrada me hizo recordad porque me ha gustado tanto este libro, a ustedes ¿Los ha logrado conquistar Blas?

📌 Datos del libro

  • Título: El hotel de los corazones perdidos (El clan de los corazones fríos 1)
  • Autor/a: Marcia D.M.
  • Género: Romance
  • Número de páginas: 422
  • Edad recomendada: +18, contiene escenas spicy
  • Colaboración: Sí, Digital (Lectura ARC)
  • Editorial / Autopublicado: Autopublicado
  • Fecha de lecturas: 2 de abril del 2025 al 7 de abril del 2025

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