Y como es de esperar, también le he querido dar una sección a mis frases favoritas de este libro, solo quiero aclarar que hay exceso y lleno de spoilers, así que solo leer bajo su propio riesgo.
✨ Algunas frases que me marcaron…
Es que siempre nos han dicho que el amor no correspondido es horrible, desgastante y que no hay peor cosa que sentirse insuficiente para alguien a quien amas.
Amar y que te amen es aterrador.
Porque la felicidad suele serlo.
No es una gran sorpresa que lo estén. Ninguno de los dos parece soportarse y, aun así, no dejan de coincidir.
«Cometí un error. Me equivoqué. Ya no puedo seguir esperando».
Predecir el clima siempre es inexacto y en realidad, no hay un pronóstico exacto, todos los meses del año llueve para mí, de diferente forma, intensidad y duración, todos los meses pienso en él sin ninguna excepción.
Hice una promesa: Lo dejaría cuando él me lo pidiera y no lo lastimaría, aunque eso signifique que nunca sepa la verdadera razón por la que me fui.
Ese «otra vez» es exactamente el problema.
No quiero terminar en mil pedazos otra vez.
No quiero sentir ese vacío de su ausencia otra vez.
No quiero arruinarlo otra vez.
Tengo miedo otra vez.
No quiero hacerle daño… otra vez, y podría continuar porque hay un millón de razones por las cuáles no hacerlo, no otra vez.
A ver, que es un poco absurdo que una sola persona te pueda mover el mundo y ponerlo de cabeza. No tiene lógica alguna, pero, en el hipotético caso de que sea así, tengo una probabilidad mínima de encontrarla, en especial si paso mis días sin buscarla.
Él no está. Puedo con eso, pero pensar en que mi jodida genética me pueda pasar factura, es igual que recibir un golpe repentino. No quiero ser como él. Me he esforzado toda mi vida para no serlo.
Dejas cicatrices a todos los que intentan quererte. Y no es por quién eres, porque tú eres más que suficiente para cualquiera… Es porque el jodido miedo te domina.
—Me hice la absurda promesa de no romperle el corazón, pero al no decirle nada también lo hice.
—Un amigo igual tiene responsabilidades, Lana. No puede ser una relación unilateral.
Dos imbéciles que rechazaron el compromiso peleando por quién es el más comprometido, es el final del día que menos esperaba.
Quizá de conocer a Levi en otras circunstancias hubiéramos tenido otro final, o quizá no. Quizá no podíamos escapar de nuestro destino hiciéramos una cosa u otra.
Y puede que por eso escriba, para mostrar mi forma de ver el mundo, para cambiar finales de mi propia vida, para no olvidar, para no ser olvidada, para sentir que alguien me escucha, aunque las palabras solo se queden en mi computadora hasta que sea lo suficientemente valiente para que alguien más las lea.
Tengo veintitrés años. Siempre me imaginé que tendría mi vida resuelta a esta edad…, pero me siento como si estuviera iniciando de cero. Todo a mi alrededor se desmorona, todas mis ideas, todo lo que creía que era, toda la vida que había formado.
Debería estar preocupado por alguna de esas razones o por todas, sin embargo, en lo único que mi mente parece pensar es en ella.
Y es peor de lo que imaginaba, no me dolía solo el corazón, me dolía todo el cuerpo.
Sería una mentira decir que me resultó imposible fingir que la había olvidado, porque, en realidad, resultó demasiado fácil fingir que la olvidé mientras ella se encontraba en otro país, cuando no había nadie a mi alrededor que me recordara de su existencia y de lo fácil que cambió mi mundo en tan solo unos meses. Fue fácil fingir que nunca estuvo o que nunca la amé, pero es una jodida pesadilla cuando estoy en el mismo lugar en el que me partió en mil pedazos. Es imposible ignorar los fragmentos que aún están rotos y han permanecido aquí durante todo este tiempo y en el momento que pisé este lugar regresaron a mí, abriéndome las heridas que jamás sanaron
Quiero una explicación, pero no estoy listo para escucharla. Quiero salir de aquí, pero un terror de no volver a tener una oportunidad de estar con ella me invade todo el cuerpo.
¿Por qué un día contigo se siente como solo un par de minutos? ¿Por qué contigo sí y con el resto no? ¿Por qué tú? ¿Por qué yo?
—No, pero es deprimente que la ficción sea triste. Es ficción, ¿por qué no hacer que todo sea feliz? Tenemos la realidad para ser tristes, bonita.
—Dios mío, Lana, mereces algo mínimo como lo que escribes.
—¿Un final triste?
—No. Mereces algo como lo que quieres escribir. Un final feliz. O un romance bueno. No decente. Esto es deprimente.
Puede que jamás haya considerado el rosa como mi color favorito, pero después de verlo en ella, puede que me lo esté pensando.
—Porque nada es para siempre, no me gusta que las cosas terminen. De modo que prefiero que nunca inicien.
Okey. Me acaba de reiniciar el sistema.
—Es ridículo. No te odio. Nunca te he odiado. Lo sabes
Nunca me ha gustado el sonido de las notificaciones de mensajes. No hasta que los mensajes fueron tuyos.
—Fue un caótico, catastrófico e inolvidable fin de semana. Que no se repita nunca, por favor.
—Adiós, desconocido.
—Adiós, desconocida.
Es solo una chica. No puedo alterarme. Y tampoco suelo alterarme solo por una chica guapa. Porque, a ver, es guapísima, inteligente y graciosa. Es un hecho. Y yo solo fui un desconocido irresistible (punto importante) con el que pasó el fin de semana, sin ninguna connotación sexual.
—¿Estás saliendo con alguien?
Trato de organizar mis ideas un poco antes de responder.
—¿De qué hablas?
—Llevas semanas pegado al celular.
—Y sonriendo como adolescente enamorado.
Es que, cuando cocina, es como si el resto del mundo desapareciera y solo importara lo que tiene en sus manos. Me pregunto si sabe lo bien que luce así, concentrado. Me gusta esta versión de él. Sus movimientos son precisos, casi coreografiados y tiene una leve sonrisa en su rostro, seguro ni se da cuenta que sonríe…
—. Dime tu mentira, Lana, muero de ganas de saber todo de ti.
—¿Todo de mí?
—Desde lo más mundano hasta lo más oscuro de ti. En especial eso.
—Eso tardará mucho tiempo, Levi.
Se encoge de hombros.
—No tengo prisa.
—Así es como suelo arruinar las cosas —admito—. Habló demasiado, le doy mil vueltas a algo sin sentido y… ¿por qué tengo que romperlo todo? —Respiro—. Porque no me respondías ha sido… he pensado qué…
Sobre pensar las cosas ha sido algo con lo que he luchado casi toda mi vida porque no solo pienso hasta el cansancio, tengo que hacer de todo esto un vómito verbal confuso y enredado, siempre resulta igual de desgastante para mí como para las personas de mi alrededor.
—Lana, honestamente, y no lo digo para hacerte sentir mejor, no deberías preocuparte por lo que pienso de ti. Porque… es como si… —Hace una pausa, pensativo—. Como si me hubieras hechizado. Jamás, en serio, jamás, me había pasado. Es un poco cansado. —Sus ojos parecen sonreír junto a la ligera risa que deja escapar—. Es como si cada que pienso en ti, vomitara un jodido arcoíris. Si quieres robar un banco, te aseguro que te ayudaría a hacerlo. Haz lo que quieras, yo seguiré vomitando un arcoíris por ti.
—¿Levi?
Se gira.
—¿Sí?
—No es tu culpa. Ser honesto con lo que sientes jamás debería generarte culpa.
—Soy un desastre, Lana. Un auténtico desastre.
Para nadie es fácil admitir que te sientes difícil de amar, mucho menos para los que rechazamos sin cesar la idea del amor, sería completamente incoherente. Aunque, supongo, no es sorpresa para nadie: todos queremos sentirnos amados, al menos una vez.
—No te lo voy a decir, Levi. Creo que lo peor que puedes decirle a una persona que se siente mal, es que se quiera primero, es casi como una mentada de madre.
Suelta una suave risa.
—Sí, creo que entra en la categoría de mentadas de madre más dichas del mundo.
—Tú tampoco eres difícil de querer, Lana. Quererte es tan fácil como respirar. Es tan sencillo que ni siquiera te das cuenta, solo un día te acata el sentimiento de: «ey, puede que quiera un poco demasiado a esta chica y quizá de verdad es mi amiga de toda la vida y no me enteré hasta ahora».
—Así que, ¿soy tu excepción?
Suelo pensar en mis respuestas a este tipo de preguntas al menos dos veces antes de decirlas. Pasan por un montón de filtros en mi laberinto mental antes de llegar a mi boca.
Esta respuesta es rápida, sin aviso, espontánea, honesta.
—Sí. Parece que eso eres.
—¿Y si yo quiero que lo hagas?
—¿Hacer qué?
—Incomodarme. ¿Si quiero que me incomodes? ¿O te enojes? ¿O pelees conmigo? O… lo que sea. Quiero escuchar algo más que… —Se corta en seco—. No puedo creer que pienses que te odio, Lana. Es ridículo. ¿Te he dado una razón para hacerlo?
—Nunca me ha gustado tu silencio —dice de una forma pausada, lenta. Cada palabra entra en todo mi sistema y golpea mi corazón—. Tu ruido, tu voz, todo lo que significaba que estabas ahí, siempre ha sido mi cosa favorita de ti.
Estamos hablando como si nada hubiera pasado, como si no estuviéramos a dos años y seis meses de distancia de la última vez que estuvimos juntos, como si no hubiera un millón de cosas que hablar. Como si él no me hubiera apartado de su vida al no responder ninguna de mis llamadas
—Lana. —Lo miro—. No ha habido nadie. No después de ti.
—No iba en serio. Me gustan las limonadas de tu restaurante, de hecho, prefiero el agua…, pero no lo prefiero porque sean malas, es solo que… —me detengo—. Ayúdame.
—Te debo una alfombra —le recuerdo.
—No la necesito.
—Era tu favorita.
—Me gustaba.
—¿Qué diferencia hay?
—Puedo vivir sin la alfombra, en cambio tú no puedes vivir sin tus libros, esa es la diferencia.
—¿Quieres ponerme nervioso, bonita?
Me aclaro la garganta y me centro al frente.
Me ha dicho bonita antes… PERO NO ASÍ… ¿o sí?
—¿Es todo?
—Me gustaba vivir solo.
—¿Y qué pasó con eso? ¿Ahora ya…?
—Te mudaste conmigo —me interrumpe—. Y ahora me gusta vivir contigo y con tu necesidad de destrozar mis muebles.
—Puedes hacer con él lo que quieras. —Se encoge de hombros, despreocupado.
Entrecierro la mirada.
—¿Cojines rosas?
—Bien. Necesito un par nuevo.
—¿Qué te parece una alfombra de esas súper peluditas?
Levi trata de no sonreír.
—Creo que es lo que he querido toda mi vida: una alfombra peludita.
—No te quejes cuando haga de todo tu mundo rosa.
Suelta una risa que me causa electricidad por todo el cuerpo.
—Dime que necesito hacer para que lo hagas.
Hundo el revoloteo que siento en el estómago. Lo ignoro. Lo quemo.
—Te advierto que has tomado la decisión incorrecta —hablo y aunque no lo quiera, no puedo evitar sonar tensa.
—Demasiado tarde. Hemos llegado y quiero con urgencia una alfombra rosa.
Me río casi como un mecanismo defensivo.
Quizá sí está siendo demasiado tarde.
—¿Cojines rosas? —pregunta Levi a modo de burla.
—Tenemos unos a juego con la alfombra —dice el encargado.
Levi levanta las cejas. Está esperando a que yo responda.
—Te arrepentirás de esto.
—Haz mi mundo rosa. Te lo imploro —dice con su mano en el pecho fingiendo una angustia demasiada exagerada.
Sonrío y dejo que el revoloteo en mi estómago hable por mí.
—¿Podría verlos? —le digo al encargado, pero no le quito la mirada a Levi.
—Esa es mi chica —murmura.
—En términos de adictas a los libros —digo con la mirada al frente y aire divertido—, eres como un libro que no puedo dejar de leer, mete todo el relleno que quieras a la historia. Es imposible que me aburras.
—¿Y en términos normales? ¿Qué significa?
—Interprétalo como quieras, cariño.
Rompe el contacto visual.
—¿Nos vamos?
No estaría mal tener ese poder del tal Cullen de esa peli de vampiros. ¿Leer mentes? Lo necesito. Ahora.
Por Dios. Lana me ha afectado de mil maneras.
Dejo que me guíe y paso a ser el cargador oficial de libros de Lana. Creo que acabo de encontrar mi vocación, quizá la cocina no es lo mío.
No suelo andar por ahí compartiendo lo que siento.
Nunca.
Con una clara excepción. La única.
Los libros impecables jamás han sido para mí. Creo que mis libros reflejan un poco como soy: un absoluto desastre.
—Sé cómo son las adictas a los libros. De un día para otro llenarás todo el departamento de libros. Debo estar preparado.
—Todo es demasiado oscuro. Demasiados colores neutros. Mis libros no combinan aquí.
—Quiero que tú combines aquí. No me importan los colores neutros, Lana.
—Has prometido hacer mi vida rosa, Lana. Espero que cumplas tu promesa.
Me quedo sin palabras por un instante.
Es solo una más de sus bromas. No te lo tomes literal.
Mi compañera de piso, la ruina de mi autocontrol y mi amiga (cosa que tengo que tener más clara), se sobresalta cuando me escucha.
Objetivo: no arruinar mi amistad con Lana.
Obstáculo: yo.
Lo siguiente que sé es que está riendo y que, si pudiera escoger cualquier lugar en donde estar, me quedaría aquí con Lana y su risa inundando todo el departamento.
Lana es como el tipo de libro que no puedes dejar de leer, como un trago de expresso por la mañana o como el rayo de sol que me pega en la cara en un día frío. Nunca pensé que tal y como todo aquello se acababa; el libro lo terminaba, el café se enfriaba y el rayo de sol se esfumaba, ella, al final, me deja
—¿Por qué? —Arquea una ceja—. Porque no ha habido nadie más. No antes de ti. No después de ti. Estoy desgraciado, Lana. Sin un jodido remedio. Me arruinaste en todos los sentidos posibles. Estaba tan feliz antes de conocerte, pero me hiciste quererte y luego me obligaste a olvidarte. Esa es la razón.
He pasado toda mi vida buscando esta sensación. He pasado toda mi vida buscando esto. A alguien que me viera de ese modo. ¿Por qué al escucharlo me siento aterrada? Pero… lo que realmente me preocupa es… ¿por qué siento un leve movimiento involuntario en la comisura de mis labios?
—Que tortura —dice al tiempo que sonríe—. ¿Misma hora de comida?
—Recuerda que me van a explotar, Levi, no tendré hora de comida.
—Y recuerda que yo soy el jefe.
Me deja sin palabras.
—Te ha dejado una nota. —Sacude la servilleta que tenía en las manos—. Y un número y se llama Nick.
Es solo una estúpida nota…
¿Nick?
¿Quién mierda era Nick?
¿Por qué le dejaría una nota con su nombre y número?
—¿Un favor? ¿No conocerte crees que es un favor?
—Se evitaría problemas. Muchos.
—No lo puedo creer —digo, riendo, aún incrédulo—. Conocerte es un jodido privilegio, Lana. Pero, en lo de no hablarle, en eso estoy de acuerdo.
Con solo su presencia es capaz de tirar todos mis muros. Siempre ha sido mi punto débil.
Solo necesitaba dejar de fingir que tú no eras lo único que anhelaba.
Tengo una personalidad de chef duro formada de años. Tengo una reputación que mantener… Es solo que, ahora, se me está complicando un poco. Nada nunca había destruido mi imagen. No hasta que Lana apareció e hizo de mí un hombre nervioso que sonríe como un idiota cuando habla, uno que está enamora…
—Por supuesto —murmuro—. Y me ha dado en mi punto débil.
Parece desconcertada. Y yo estaría algo asustado por haber soltado algo así, pero estoy en mis cinco segundos de valentía.
—¿Tu punto débil? —pregunta.
—Tú.
Espera, espera, ¿está celosa?
—No otras chicas. A chicas en general.
Me río.
—¿Qué? —Aún con el enojo en su voz, suelta la pregunta.
—¿En serio no te das cuenta?
—¿De qué hablas?
—No hay otras. No para mí.
—Hoy eres mi novia falsa —murmura en mi oído—. Solo por hoy finjamos que es así. Mañana podemos seguir resistiéndonos, pero hoy… Te lo suplico, sácame de este martirio.
Pero cuando nuestros labios se encuentran, es como si toda la fiesta hubiera bajado el volumen. Me besa como si llevara toda la vida deseando besarme. Una risa contenida se escapa entre nuestras respiraciones.
Estoy besando a Levi por primera vez. No puedo detenerme a pensarlo sin cansancio porque ahora está rozando su lengua por mis labios, profundizando el beso, y carajo, acabo de notar que sus labios son suaves. SUS LABIOS SON SUAVES, tal y como me lo había imaginado.
—Lo siento —digo finalmente—. No lo recordaba…
—Me gusta —me interrumpe.
—No trates de ser bueno conmigo.
—No lo estoy siendo.
—Igual ya es hora de que encuentre otr…
—Me gusta —repite susurrando. Lo observo en silencio—. Me gusta porque significa que estás aquí. —Hace una pausa—. ¿Sabes?, no soy un amante del ruido, lo odiaba… Pero cuando escucho tu escandalosa risa y tus balbuceos mientras duermes, creo soy un absoluto y completo amante del ruido.
No puedo verlo. No tengo que estar viéndolo, pero estoy aquí pensando en que esas cinco veces que va al gimnasio por semana están muy bien aprovechadas.
—¿Te gusta? —pregunta.
Quiero, literalmente, desaparecer. Levi me había atrapado mirándolo. Tampoco había hecho demasiado para ocultar que lo estaba… ¿Analizando?
—No me quejo —digo mientras me giro.
—No sé si debería ofenderme.
—Mejor ponte una camisa o algo.
—Lo pensaré —murmura—. Si me vas a seguir viendo así, puede que no lo haga.
Bien. Puede que estuviera pensando con la cabeza incorrecta cuando decidí hacer esto, pero, en mi defensa, Lana llevaba ignorándome una semana entera, evadiendo todos mis intentos de acercarme y yo estaba muriéndome por ser suyo, en todos los jodidos aspectos. Así que tenía un plan; acorralarla y hablar.
—Lana —susurro, reverenciando su nombre—. Me prometí nunca perder la cabeza por nadie, pero tú… —Trago saliva—. Me está resultando muy difícil guardar la calma.
—Dime lo que quieras que haga y lo haré sin cometer ni una falla.
—¿Alguna sugerencia de por dónde empezar?
—Tengo muchas ideas en mente.
—Estoy esperando —murmura.
—Lana, me haces perder todo el control —Sonríe ante la declaración y me rodea el cuello con sus brazos—. Haremos lo que tú quieras hasta donde quieras. Soy todo tuyo ¿de acuerdo?
Es raro, siempre se habla de que las palabras tienen el poder de lastimar, herir a profundidad, pero nadie habla del silencio. El silencio es de esos dolores que lastiman de a poco, la vida bien me lo ha enseñado. El silencio, a veces, es peor que las palabras.
¿Por qué cuando algo me hace sentir segura me alejo?
¿Por qué mierda siempre me alejo?
Estoy convencida de que la seguridad es algo a lo que todos aspiramos, pero ¿qué sucede cuando nos sentimos no merecedores de eso?
—Me gustas —murmuro—. Mucho.
Una leve sonrisa aparece en su rostro.
—Tú también me gustas. Mucho.
—Yo...
Se acerca.
—No quiero nada que tú no quieras, ¿lo entiendes? No quiero presionarte, no quiero acercarme sin tu consentimiento, no quiero que te sientas mal cuando estás conmigo. No puedo pensar en la idea de lastimarte, Lana. Yo…
—Ese no es el problema —lo interrumpo—. Me gustas. Te quiero cerca y no solo cerca, sino, cerca cerca…
Sus ojos irradian diversión.
—Bien. Yo también te quiero cerca cerca, Lana.
—El problema es que… —continúo.
—¿Es que me odias? —dice por mí—. Porque no tienes idea de cuánto te odio en este momento.
—Déjame cargar con tus miedos, cariño.
Me hundo en su cuello.
—Te odio cuando me dices cariño —murmuro.
—Ven acá.
La mayor parte de mi vida he tratado de huir, de no pertenecer, y justo aquí, entre sus brazos, he roto todas mis reglas, me siento como si por fin hubiera encontrado un lugar al que quiero pertenecer, al que deseo aferrarme.
El mundo puede irse al carajo si tengo a mi chica conmigo; Lana se ríe en mis brazos porque me niego a soltarla, es que… ¿se puede ser más feliz que esto?
Si no tenía un tipo de chica es porque no la había conocido.
Puedo hablarte todos los días. Te dejaré un calendario personalizado con fotos sin camisa, si lo deseas.
Años atrás lo hubiera dejado todo con tal de ir. Era mi sueño. Pero, ahora, frente a mí, estaba la razón de porque regresaría, la única por la que no me lo pensaría dos veces. Y es absurdo, una cursilería, pero no hay nada más cierto, ella es mi nuevo sueño.
Quiero seguir jugando con fuego porque la idea de quemarme, si eso significa un nosotros, no me parece tan desalentadora.
—A ti ni loco te hubiera dejado plantada.
—Estás ebrio.
—Lo digo en serio. Me hubiera puesto tan nervioso de salir con alguien como tú que ni siquiera hubiera podido dormir.
—No puedo dejar de pensar en ti. Estás en mi cabeza todo el jodido día. Y, sabes, sería una mentira decir que alguna vez soñé contigo, porque no lo hice hasta que te conocí. Te deseo, Lana. Todo el jodido tiempo. No puedo ni concentrarme.
No soy capaz de formular una respuesta.
—Dime algo que sea verdad, Lana.
Sé cómo terminan estos juegos.
—Yo tampoco dejo de pensar en ti.
—Sí —admito—. Nada en mi vida dura lo suficiente. Y tú… no quiero que tú te acabes, Levi. Me da miedo.
No responde.
—Tú… todo esto. Me ha dado una nueva oportunidad —continúo—. Y jamás había querido tanto algo como te quiero a ti. Es luchar contra todas mis normas, pero creo que ya no puedo. Ya no quiero ocultarlo más.
—Dios mío, Lana —dice con los ojos cerrados—. Me encantas y muy probablemente me arrepienta, porque quiero besarte otra vez, un millón de veces más, pero quiero estar completamente sobrio cuando lo haga.
—¿Estás loca? ¿Quién pone límites para que le guste alguien?
—Pues yo.
—Sí. Y por favor, no lo piensen demasiado. Haz lo que te salga del corazón y apaga tu mente solo por esta vez
—Aún no olvido lo de anoche.
Levi finalmente se acerca y deposita un beso en la comisura de mis labios.
—¿Qué fue eso?
Se pasa la punta de la lengua por el labio inferior.
—Una promesa.
—¿Una promesa? —pregunto.
Hago todo lo que está en mis manos para no mostrarme ansiosa por la respuesta, o al menos no demasiado, porque está claro que quiero saberlo.
—De un beso real.
—Puedo ir sola.
—Lo sé, pero no estás sola.
¿Qué se supone que tengo que decirle a la chica que me gusta cuando está nerviosa?
—Estás guapísima, pero eso ya lo sabes. —Sonríe al tiempo que besa mis nudillos—. ¿Luego?
—Solo quédate conmigo. —Y aquel comentario se escucha demasiado sincero, vulnerable.
Lo nota.
—No pensaba ir a ningún lado.
—Quiero… enseñarte algo.
Alza las cejas.
—¿Qué cosa?
—Mi habitación.
—Esto son las ligas mayores, Lana. Pronto tendré que pedirle tu mano a tu madre.
—Solo Lana y Levi, viviendo lo que sea que es esto, sin etiquetas y siendo exclusivos, porque, te juro, Lana, no me apetece matar a nadie ahora mismo.
—Lo que tú ordenes, pero que sepas que tengo un asunto que necesita con urgencia una solución.
—Me encargaré en casa de eso. Así que ahora, por favor, no te vuelvas a acercar, que soy débil.
Se ríe.
—Sí, señora. Seré el chico más decente que has conocido jamás.
—No diría que escaso…, estás tú, por ejemplo. Aunque… —Hace una pausa—. Si fuera una sala llena de cosas, te sigo prefiriendo a ti.
—No te recordaba tan descarado y directo.
Me trago una sonrisa. Él, al contrario, no hace nada por ocultar la suya.
—Ni yo tan jodidamente guapa.
Okey. Me acabo de morir.
Solo quería ser tuyo
Para seguir adelante, tienes que enfrentar las cosas, así te aterren, en especial cuando lo hacen.
—Bien. Ahora es mi turno de hablar.
—Levi —murmura Ben—. No creo que…
—Solo será un momento —digo con los dientes apretados—. Como te decía, soy un tipo tranquilo. —Quizá no lo parezca demasiado si lo tengo inmovilizado, pero tampoco creo que sea una mentira—. Te voy a dejar algo muy claro. Si te vuelves a acercar, si tan solo piensas en hablarle o peor, tratas de tocarla, te mato.
—Levi —esta vez la que habla es Brianna.
—¿Queda claro? —Víctor asiente con rapidez—. No te vuelvas a acercar a ella.
Acto seguido, lo suelto y doy un paso atrás.
Soy un tipo tranquilo.
—No te enamores de mí, Levi. Podemos estar juntos sin…
—No me importa tu pasado o tu reputación —me interrumpe—. No me importa nada de eso. Porque, mierda, es una locura, pero no me importa que me rompas el corazón. Quiero estar contigo y punto. Déjame decidir a mí que puedo soportar.
—Tú me das paz. Calientas mi corazón. Me haces sentir en casa. —Nuestras miradas se encuentran—. Por eso tengo miedo. No quiero acostumbrarme a ti, a tu calor, a tu aroma, a tu voz, a tu risa. No quiero perderte como todo lo que he perdido en mi vida.
—Yo tampoco quiero perderte, Lana. Tú eres mi hogar. —Hace una pausa—. Pero no tengo miedo de perderte, si eso significa que alguna vez te tuve. Soy tuyo, Lana. Desde el principio siempre he sido tuyo. No hay nadie más. No habrá nadie más. Quizá esto es una locura también, pero te amo. Te amo en serio. Un te quiero ya no me es suficiente para describir lo que siento por ti.
—Es tu castigo por enamorarte de mí —respondo con apenas un hilo de voz.
—A ver, preciosa, espero ser el único desde ahora que reciba este castigo.
«Preciosa»
—Déjame cargar con un poco de esto. —murmura en mis labios—. Por favor. —Vuelva a besarme, apenas un roce—. Déjame cargar con tus miedos.
—¿Quieres ir al departamento? —pregunta con una sonrisa ridículamente irresistible.
—Odias faltar al trabajo —le recuerdo.
—Lo odio —asegura, sin embargo, parece no tener la intención de moverse.
—¿Qué cambió?
—Tú.
—Creo que nada asegura que las personas se queden y también creo que los recuerdos no son malos, pero hay que aprender a vivir con ellos, no a base de ellos. No puedo decirte que dejes de tener miedo porque creo que es lo mismo que decirle a alguien que no llore cuando está llorando, pero… creo que deberías arriesgarte, dejar que el miedo se apodere de ti, dejarlo ser, ver qué pasa si lo intentas. Puede que no siempre salga bien y puede que jamás seas esa persona extremadamente valiente, pero hacer las cosas con miedo tampoco es un delito, el miedo a veces nunca se va.
Toda mi vida he querido ser del tipo de persona que se arriesga y va sin miedo por la vida, pero… ¿es igual de válido hacer algo con el miedo en la garganta? ¿se puede caminar con el temor a tropezar? ¿Lanzarte con incertidumbre?
—Levi, no estoy segura de…
—Mía —me interrumpe.
—Quiero que seas mi novia. Llamarte mía. —Por la conmoción no digo nada, me limito a mirarlo—. Me has dicho que como yo quiera y jamás creí llegar a esto, pero nada me haría más feliz que tú seas mía…, no de mi propiedad o algo turbio… Mi novia. Mía.
—Estoy enamorado de ti. Sé lo que dije y aún lo pienso. No quiero una novia, Lana. —Frunzo el ceño. Esto no tiene mucha lógica—. Te quiero a ti, porque… desde que te conozco no he podido frenarlo, carajo, creo que nunca he querido hacerlo, pero tú eres la única excepción. Eres mi única excepción.
Okey. Creo que lo estoy sintiendo. Eso que describen siempre en los libros cuando todo a tu alrededor se detiene; siento mi corazón rebosante de alegría, latiendo frenéticamente por el chico que tengo enfrente. Los odiosos bichos en mi estómago revolotean, encantados. Es un torbellino de emociones. Se siente cálido. Dorado.
—¿Qué dices? ¿o prefieres Lucía? —Enarca una ceja.
Sonrío.
—Quiero ser tu novia.
No sé si él fue primero o fui yo. Solo sé que ahora me está levantando por encima del suelo, haciéndome girar.
—No sabía que odiaras tanto ese nombre.
—Dios, no te imaginas cuánto lo odio —bromeo al tiempo que lo beso y dejo que la emoción se apodere de mí—. Haría lo que fuera para que no lo dijeras.
—Ser mi novia parece un trato justo a cambio de no llamarte así ¿no?
—No tienes ni idea
Mi yo adolescente está gritando de emoción ahora mismo con esta escena muy a lo Troy Bolton. Solo que Levi no es Zac Efron, esa es la pequeña cosa que decepcionaría a mi yo adolescente, aunque si conociera a Levi, lo entendería al cien por ciento. Es el tipo de chico con el que solía fantasear.
—¿Una L? ¿Es de…?
—Un collar con tu inicial…
—Ya. —Entorno los ojos.
—Pero… —continúa—, si somos creativos… —Se encoge de hombros—... también podría ser la mía.
Íbamos a ser creativos.
—Lana. —Se ríe de forma histérica—. ¿Cuándo vas a entender que quería todo? No solo lo bueno. Te quería a ti, a tus problemas. Todo.
Ahogo las lágrimas y reúno el valor para hablar una vez más, justo antes de que la primera lágrima escape:
—No tienes idea de lo que dices.
Nunca me dio miedo el cambio. La estabilidad era lo que me asustaba, pero nosotros… no quería que nada cambiará.
Yo, el hombre que había jurado que el amor no era para mí, se había enamorado hasta la médula.
No suelo creer que las personas tengamos un alma gemela, es absurdo creer que solo hay una persona para ti en el mundo, debe haber cientos, ¿no? Es solo que… no quiero conocer a otro ciento de personas para saberlo. Quiero estar con él.
Miedo.
Miedo a su ausencia.
Es extraño, nunca me quise enamorar, hice todo lo posible para evitarlo, pero Levi llegó sin avisar. Enamorarme de él fue sencillo, tan sencillo que cuando me di cuenta fue imposible detenerlo. Lo que es todavía más extraño, es que cuando me doy cuenta que lo amo, es cuando tengo que dejarlo ir.
—No voy a dejar que eso suceda. Te lo prometo. Y no me importa si tengo que repetirlo a diario hasta que lo creas: Me voy a quedar contigo pase lo que pase. Yo cargaré con todo cuando tú te sientas débil, déjame ser tu ancla.
—Me está lastimando... —digo al borde de las lágrimas—. Estar contigo me está lastimando. —Las palabras me queman en la garganta. Levi me mira, incrédulo. Su boca tiembla y sus ojos me recorren buscando una respuesta—. No te amo —digo con seriedad—. Lo intenté, pero estoy segura de que no puedo amar a nadie. No estoy hecha para esto.
—¿No me amas? —pregunta con incredulidad—. Y una mierda, eso no es cierto.
—Ya he mentido antes sobre eso.
Su semblante cambia.
—No te creo—dice con firmeza—. Será mejor que me digas qué pasó, porque que recurras a una excusa tan baja me deja un millón de preguntas. Cariño. Por favor. ¿Qué es lo que está pasando?
Yo me iré de aquí, tú te irás y los dos siempre sabremos que es una mentira. No puedo permitir que la única persona que he amado me deje por una mentira. Te conozco, Lana. ¿Me estás dejando por miedo?
—Tienes que ir a Londres, ¿de acuerdo? —digo con la poca fuerza que le queda a mi voz.
—Puedo luchar por los dos si te sientes cansada… —murmura—. Déjame cargar con tus miedos.
Y aquello último es lo que provoca que la primera lágrima caiga.
—Te quiero —digo en un murmullo casi imperceptible.
Veo lágrimas silenciosas deslizándose por sus mejillas y es como si me pisotearan el corazón. Siento la necesidad de acercarme. Tocarla. Un solo jodido roce sería suficiente. Quiero apretarla contra mis brazos y poder decirle que la amo, que no he podido dejarlo de hacer. Quiero asegurarle que aún estoy dispuesto a que sus problemas sean míos, porque yo soy absolutamente suyo, jamás lo he dejado de serlo.
—Nunca había estado tan seguro de algo. —Ella niega con la cabeza. Evita mi mirada—. Y hubiera hecho lo que sea si eso significa que podía tenerte a ti.
—Tú tenías que irte —repite—. No te lo hubiera impedido de ninguna forma.
—No lo ibas a hacer.
—No tenía otra opción, Levi.
—Si me hubieras pedido que me quedara lo hubiera hecho. Si me hubieras pedido ir conmigo te hubiera llevado. Si me hubieras pedido mantener las cosas a distancia, carajo, Lana, hubiera esperado. Me pediste tiempo, ¿lo recuerdas?, me prometiste que cuando estuvieras lista me escogerías a mí, pero me dejaste sin explicaciones, me mandaste al carajo sin haberme dado la posibilidad de luchar. Te habría dado todo lo que quisieras, Lana. Todo.
—No tuve la fuerza para olvidarte.
¿Olvidarme?
Y creía que era lo mejor, que te estaba haciendo un favor porque soy una especialista en arruinar todo lo que amo y tenía miedo. Jamás quise lastimarte y si perderte era la forma de hacerlo, no me importaba. Iban a arruinar tu carrera, no iba a permitirlo.
A ver, que tampoco es un gran secreto que escribo romance y que me inspiró de todo lo que pasa a mi alrededor. Pero eso cambia cuando lo uso para aliviar mi dolor. Escribir siempre ha sido mi escape, no es una gran sorpresa que lo sea ahora, y supongo que tampoco lo es que lo ocupe para encontrarlo. Levi no es fácil de olvidar y tampoco quiero hacerlo, pero mientras tengo la fuerza para buscarlo en mi ahora, me dedico a buscarlo entre letras, escribo de él a diario y lo encuentro en cada párrafo.
Y creo que a veces solo escribo para encontrarlo, y no sé cuándo me saciaré de buscarlo.
—Y lo haré. Te lo prometo. Yo… te quiero, ¿bien? Jamás querría hacerte daño…, pero…, esto es una putada, te lo juro, Levi, pero necesito tiempo. Nunca te pediría que me esperaras, jamás…
—Lo haré —Suelta un resoplido junto a una suave risa—. Tenía miedo de no volver a escucharte decirme te quiero. Te esperaré. Todo el tiempo que necesites, solo si prometes que pase lo que pase regresarás a mí. Necesito que regreses a mí
—Prométeme que me dirás cuando dejes de esperar, porque no quiero llamarte y que tú estés con alguien… No que no puedas estarlo y tampoco es que quiero que lo estés… Solo si tú quieres, pero… tú entiendes… no lo quiero… pero no en plan raro o…
¿Pensará en mí como yo lo hago en ella?
—Lo digo en serio, ¿qué tan malo sería? Es solo una chica.
No está entendiendo nada.
—No es solo una chica. Es La chica.
—¡Claro que estoy hecho un caos! Tengo una sola debilidad y está en el piso de abajo con el novio incorrecto. Ten piedad de mí y déjame solucionarlo
—Mi peor error fue haberme ido ese día. —Traga saliva—. Y nunca haberte dicho que te amo, que aún lo hago y probablemente siempre lo haga.
—Yo cometí uno peor.
—¿Cuál?
—Haberte dejado ir.
—Quizá jamás podamos resolver ese primer error, ¿qué te parece si empezamos por el segundo? —dice casi sin aliento tras separarse.
—Ya te lo he dicho.
Su sonrisa se ensancha.
—Dilo otra vez. Por favor.
—Te amo, Levi.
—Yo también te amo, Lana.
Porque… Dios, esto lo vas a adorar... porque ahora tenemos que fingir que estamos saliendo para la televisión.
Amar no es para cobardes, pero no tienes que ser el héroe de la historia para hacerlo. No tienes que amarte primero para que te amen, no tienes que tener tu vida realizada para alcanzar la felicidad, no tienes que dejar todo tu pasado en el olvido para iniciar una nueva historia. El miedo existe y hay que aprender a vivir con él.
Levi es mi única excepción a la regla, mi otra mitad y todas esas mierdas románticas, y yo... soy la suya.
🖋️ Reflexiones personales
Elegí estas frases, porque creo que describen los mejores momentos de este libro, ese subir y bajar de emociones que me ha causado. No me pude sentir mejor descrita en todo lo que representa Lana.
📌 Ficha del libro
- Título: La única excepción
- Autor/a: Ahlina Alamilla
- Género: Romance
- Número de páginas: 555
- Edad recomendada: +16 años
- Colaboración: No, Lectura Conjunta de @enchanted.readings
- Editorial / Autopublicado: Autopublicado
- Fecha de lectura: 17 de febrero del 2025 al 25 de febrero del 2025
🔗 También puedes leer mi reseña
📍 Blog: https://descansar-literario.blogspot.com/2025/05/resena-la-unica-excepcion-de-ahlina.html
🔗 Encuéntrame en otros espacios
- 📷 Reseña en Instagram: https://www.instagram.com/p/DIEb0NcxwwM
- 📚 Reseña en Goodreads: https://www.goodreads.com/review/show/7454496512
Espero que disfrutaran estas frases llenas de spoilers. Nos vemos en la siguiente entrada.
Brillando en cada página
Descansar Literario.

Comentarios
Publicar un comentario